De gracias y desgraciadas

-¡Podés creer, Teresa, que la Patrona no me agradeció! Hice que El Entrerriano le arreglara el lavarropas sin cobrarle un peso. Y eso que le llevó un montón de tiempo limpiar la bomba de desagote, que estaba atorada con millones de pedacitos de lana. Eran de los  pompones que lavé y se deshicieron. Hace un buen tiempo que La doña colgó esas porquerías por toda la casa, y, claro,  ya estaban hechas una mugre. Vos sabés que a mi los adornos no me gustan porque solo sirven para juntar tierra. La Patrona me dijo que los dejara así, pero yo no aguantaba más tener que verlos todos sucios, y los metí al lavarropas.
¿Vos podés creer que no me agradeció?-