Del jamón al jabón hay una sola letra de distancia.

Una noche, antes de dormir la veo a la tiabuela enfilar para la cocina.

YO: “¿Te quedaste con hambre, tia” (“Dios mío, esta come como lima nueva”, pensé).

Tíabuela: “Nooo, me voy a hacer la limpieza de cutis, uso aceite como desmaquillante y leche como tónico”.

El Entrerriano: “¿Y en el baño que hace, doña? ¿Se morfa una sánguche de jabón?” (En realidad, El Entrerriano no estaba; pero seguramente hubiera dicho eso).

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Para el botiquín de la dama. Y la pancita del caballero (o viseversa)

Es un secreto que solo divulgo entre amigos. Cuando no tengo demasiadas ganas de cocinar,  pero no quiero que resulte tan evidente, preparo mis famosos “Canelones de la vagancia”:

Masa:  jamón cocido cortado grueso

Relleno: ricota mezclada con queso rallado y algún condimento (con nuez moscada queda muy bien).

Salsa: de esas listas (que se compran en el supermercado) mezclada con queso crema  y  poner queso fresco por encima.

Cocción: calentar a horno medio y luego gratinar con un golpe de horno fuerte.

Siempre es bueno tener a mano una receta salvadora que te saque de apuros.  Es para incluirla en el botiquín de emergencias de la dama, junto con un tapaojeras, un pareo y un cepillo de dientes.

ME-DA-NO-SE-QUE

Cuando llevo a los hijos de la Patrona a la plaza, cuido de que no se enchastren. No los dejo revolcarse ni tirarse arena. Antes de volver a la casa, les saco las zapatillas y las sacudo.  Ni bien regresamos  los baño,  les cambio la ropa, y pongo las prendas usadas a lavar. Después paso la aspiradora dentro de las zapatillas para que no quede ni el más mísero granito de arena.

La Patrona no hace nada de eso.  Le encanta verlos mugrientos. Según ella, si un chico está enchastrado es porque se divirtió. Mi lema es “mejor que limpiar es no ensuciar”, el de ella es “Felicidad rima con suciedad y tristeza, con limpieza”  Posta, lo dijo (¡Por favor! Yo seré triste pero esta mina en cualquier momento “ve a la Luna rodando por Callao“).

Ayer me llamó la hija de la Patrona. Me contó que la Blacky, la perrita, me extraña y que ella y su hermanito también. Que en la plaza jugó a que era yo (¡que linda!) y que cocinaba. Hizo con arena tortas y milanesas . Las milanesas “eran” el nene todo cubierto de arena (obvio).

¿La nena habrá imitado también mis hábitos de limpieza? ¿O me  voy a encontrar con un médano en algún rincón del living?

Manía Mirta

El novio de mi hermana le regaló un osito, y ahora voy a tener que aguantar a esa cosa junta-tierra en la habitación.

La Tiabuela me dice que me deje de joder, que el osito es tierno y que yo estoy obsesionada con la limpieza. Nada que ver, yo evito ensuciar, como todo el mundo. Lo que pasa es que ella se volvió muy desaprensiva.

Mi lema como ama de casa  es “mejor que limpiar es no ensuciar”.Me enorgullezco de tener costumbres muy prácticas, como cubrir con plástico la tapa del tacho de basura (porque siempre se enchastra); apilar los platos para lavar poniendo anverso con anverso (que vendría a ser la parte del plato donde se pone la comida)  de forma tal que no se ensucie el reverso  (que vendría a ser la parte de atrás del plato)…

Mi única manía es no poder irme a dormir sin antes limpiar los pisos. Aunque regrese de bailar a las 8 de la mañana, los trapeo antes de acostarme. Pero eso algo común, como no poder dormirse sin haberse cepillado los dientes.

Aceite, vinagre y sal

Después de todo lo que hice por ella, a pesar de la paciencia que le tengo, la Teresa se enojó conmigo.

Me pidió que le enseñara a hacer una torta sencilla. Entonces, le pasé una receta mía que es super fácil y  prácticamente top-secret . Pero la decarriada esa me cuestionó los ingredientes: que con aceite, vinagre y sal se hacen las ensaladas, no las tortas. Y me trató de víbora rencorosa.

En pos de salvar nuestra amistad, tuve que invitarla  a que la cocinemos juntas en casa. Para que me viera hacerla y la degustara recién salida del microondas.  Sino, capaz que no me creía

Como no podía ser de otra forma, la torta salió riquísima.  Le rendimos honores a la hora del mateCuando llegó mi hermana, mi tía abuela se estaba engullendo la última porción. Y se enojó conmigo porque no le guardé un pedacito.

¡Uff, es difícil quedar bien con todo el mundo!

 


No dejen de probar mi receta este fin de semana. ¡Bon Apetit!

Si es que hay yerba

Mi novio, El Entrerriano, me enseñó a calentar la pava para tomar mate (no es chiste). ¡Por fin me reveló su truco para detectar cuando el agua llega a la temperatura justa.

Se pone la pava al fuego SIN SU TAPA (la tapa se deja dada vuelta sobre una mesa y si algo se te perdió, aparece al ratito).  Hay que observar la superficie del agua.  Cuando el agua está fría, su superficie es bien lisita, toda tranquila, casi que parece de plástico. En cambio cuando está caliente como para el mate, la superficie del agua tiene movimientos y burbujitas muy chiquitas.

Probalo y me contás

Teresa  Notein que sabiduría la de ese hombre


El Entrerriano

Aproveché el finde largo para ir a Porahiaychú, el  pago de mi novio El Entrerriano.  Además de muchos mimos,  tuve un curso intensivo de cebada de mate.

Cansado de que le cebe mates que pelan o fríos, El Entrerriano me develó el truco para lograr la temperatura justa sin recurrir a aberraciones  (él es fundamentalista de lo tradicional)  como termómetros o pavas eléctricas.

Tengo que largar la compu. Mañana te cuento, Teresa