Escoba nueva… y no vuela bien.

Fui a comprar una escoba nueva y el vendedor de la casa de artículos de limpieza me dijo

-¡Así que cambiamos el vehículo!-

No lo mandé a “plumas verdes” porque me agarró sin ganas de andar buscando pelea.

Raro  que yo esquive un pleito así, tan servido en bandeja. Es que ando tan cansada que ni ánimo para discutir tengo.  Parece que mis vacaciones de la semana pasada en vez de recargarme las pilas, me dejaron agotada. Por ahora, no estoy para hacer volar escobas. Ya vendrán tiempos mejores.

Loca, rabiosa y todas las Shakiras juntas.

Estoy haciendo pacientemente la fila en la caja del supermercado.  La señora que está adelante de mí me dice que va a buscar bananas y me pide que le “cuide” su lugar en la cola.  Está bien, accedo.

Ha de estar trepándose a una palmera para bajar las bananas, porque está por llegar  su turno y no aparece.  Mientras el señor que está siendo atendido va pasando sus últimos productos, yo aparto el chango de la clienta ausente y tomo su lugar (no voy a esperar a que la doña regrese de Brasil).  La cajera se encoge de hombros  y me advierte que en caso de controversia ella se lavará las manos como Poncio Pilatos.

Comienzo sacar mi compra del chango para ponerla sobre la cinta.  Cuando la cajera está agarrando mi primer artículo,  aparece La Ausente. Trae un cacho de bananas machucadas (¿para elegir eso tardó tanto?). La cajera queda como congelada  sosteniendo un  paquete de papel higiénico en la mano. Me mira a mí, la mira a la ausente, y no emite palabra.  La que habla soy yo

Lo siento señora, usted tardó demasiado. Ahora va a tener que esperar a que yo termine.-

(Intuyo el acabose… La otra se enfurece, empuja violentamente mi chango y revolea mis cosas. Yo reacciono con mayor violencia y le doy una cachetada. Nos agarramos de los pelos. La cajera llama  a los gritos a seguridad. Nos separan, mientras continuamos  insultándonos. Terminamos  pasando la noche en la comisaría)

Está bien.- contesta La Ausente con un dejo de cansancio en su voz.

Hice mis compras  sin contratiempos y llegué a tiempo a casa para ver la novela.


Si veía un fantasma no me asustaba tanto

Había salido a hacer unas compras  que me había encargado la Patrona y me encontré con Teresa (ella cuida a un compañerito del nene y nos hicimos amigas).

Teresa me contó que Doña Juanita había fallecido.  Ahi caí en la cuenta que hacía mucho que no la vía. Doña Juanita era la madre de la almacenera,  la conocíamos porque iba  seguido al negocio  a charlar y a sebarle mate.

Pasaron  los meses y, a pesar del chisme de la Teresa,   me la encontré  a Doña Juanita caminando por la calle.    En cuanto la vi me puse blanca como un papel, se me aflojaron las rodillas y me desmayé.  Alguien llamó al Same y me llevaron en ambulancia al hospital.

Como no llegué a buscar a los chicos a la escuela, la directora llamó a la Patrona. En seguida, la doña me sacó turnos para que me haga chiquicientos chequeos. Me salieron todos bien, pero igual se quedó tan impresionada que  me dio un celular y durante meses se la pasó llamándome  a cada rato.

¿Por qué hasta los chismes de laTeresa terminan complicándome la vida?